jueves, 12 de abril de 2018

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No tengo televisor desde que estoy en Madrid, pero el otro día entré en un bar donde daban el programa del corazón de Anne Igartiburu, que sigue siendo una belleza cursiflor y sigue sin decir una frase completa sin trastabillarse. Y mientras iba dando cuenta de la caña y las patatas, estuve mirando de vez en cuando a la pantalla, al principio tranquilo, luego ya más alucinado, porque ese programa lo veía yo en Vizcaya a la hora de comer, hace catorce años, y empecé a darme cuenta de que los famosetes sobre los que hablaban, Ortega Cano, David Bisbal, el Bustamante, Antonio Banderas, Isabel Preysler, Belén Esteban, la Pantoja, Jesulín, ¡eran los mismos de los que hablaban hace catorce años! ¡Las únicas a las que no conocía eran una rubia, ya no recuerdo el nombre, que se había divorciado del tenista Feliciano López, y una cantante de Operación Triunfo que debía ser de una edición reciente! Sucede que uno se puede marchar de España quince años y, a la vuelta, encontrarse con que no ha cambiado nada: continúa el mismo rollo político vasco-catalano-español, los mismos intelectuales, los mismos cantantes, los mismos escritores, los mismos deportistas y los mismos personajes del corazón, ¡parálisis en todo su esplendor, AMIGUETES CLUB hasta la sepultura!